El estrés es una de esas palabras que escuchamos todos los días, pero pocas veces nos detenemos a pensar qué significa realmente. Podríamos definirlo en pocas palabras como la respuesta natural de nuestro cuerpo y nuestra mente ante situaciones que percibimos como desafiantes, amenazantes o que simplemente nos exigen más de lo habitual. Imaginemos que tenemos que entregar un proyecto en poco tiempo, o que recibimos una noticia inesperada: nuestro corazón late más rápido, la respiración se acelera y nuestra mente empieza a estar más alerta. Eso es el estrés en acción. Nuestro organismo libera hormonas como el cortisol y la adrenalina para ayudarnos a reaccionar y rendir mejor en ese momento. En ese sentido, el estrés no es necesariamente malo; de hecho, en dosis adecuadas puede motivarnos y darnos energía. El problema aparece cuando ese estado de alerta se mantiene demasiado tiempo. Ahí es cuando el estrés deja de ser un aliado y empieza a convertirse en un peso. El cansancio, la irritabilidad, la dificultad para concentrarse o incluso molestias físicas como dolores de cabeza o problemas digestivos son señales de que algo no va bien.
Por ello, en el artículo de hoy vamos a intentar desgranar qué es el estrés y daros algunas estrategias sencillas para combatirlo. Aunque si te interesa este tema puedes leer lo que hemos escrito sobre cómo manejar el estrés diario pinchando aquí.
Qué es el estrés
Bien, vamos a meternos en barrena ¿qué es el estrés? El estrés es un concepto ampliamente estudiado en psicología y medicina, y se define como el conjunto de reacciones fisiológicas, emocionales y conductuales que se activan cuando una persona percibe que las demandas del entorno superan sus recursos para afrontarlas. Según Hans Selye, uno de los pioneros en su estudio, el estrés es “la respuesta inespecífica del organismo ante cualquier demanda que se le haga”.
Desde un punto de vista más biológico, el estrés pone en marcha un sistema de alerta en el cuerpo: aumenta la liberación de hormonas como el cortisol y la adrenalina, se eleva la frecuencia cardíaca y se activa la atención. Estos mecanismos tienen una función adaptativa, pues nos preparan para responder a situaciones que requieren esfuerzo, concentración o acción inmediata. En este sentido, el estrés puede ser positivo (eustrés) cuando nos motiva y mejora nuestro rendimiento. Sin embargo, cuando la activación se mantiene de manera prolongada o es demasiado intensa, hablamos de distrés o estrés negativo. Este estado sostenido puede producir síntomas psicológicos (ansiedad, irritabilidad, dificultad para concentrarse) y físicos (dolores de cabeza, tensión muscular, alteraciones digestivas o del sueño). Con el tiempo, también puede convertirse en un factor de riesgo para diversas enfermedades.
Aunque hemos hecho mucho hincapié en las situaciones que pueden detonar el estrés. Si queremos describir bien qué es el estrés, es necesario hablar también de las causas internas. Y es que el estrés no depende únicamente de las circunstancias externas, sino también de la forma en que cada persona percibe y afronta esas situaciones “alarmantes”. Lo que para alguien puede representar un reto estimulante, para otra persona puede sentirse como una amenaza. Así que qué es el estrés va a depender de nuestra interpretación de las situaciones y de lo que nos afecta a nosotros más.

¿Qué cambios puedo hacer para combatirlo?
Bien, ya sabemos qué es el estrés. ¿Qué hacemos ahora con ello? Pues desgraciadamente combatir el estrés no es siempre una tarea sencilla. Debemos tener en cuenta que vivimos en sociedades que cada vez exigen más de nosotros para poder desarrollarnos adecuadamente en ellas. Sin embargo, podemos realizar algunos cambios en nuestra rutina que nos ayuden.
- Cuidar el cuerpo. El cuerpo y la mente están profundamente conectados. Practicar ejercicio con regularidad ayuda a liberar tensiones y a generar endorfinas, que mejoran nuestro estado de ánimo. Dormir adecuadamente también es fundamental, ya que el descanso permite recuperar energía física y mental. Además, una alimentación equilibrada, contribuye a mantener la calma y la claridad mental.
- Organización y hábitos diarios. Parte del estrés surge de la sensación de no tener el control. Organizar las tareas, dividir los grandes objetivos en pasos pequeños y realistas, y aprender a priorizar son estrategias útiles. También es importante delegar cuando sea posible y decir “no” cuando lo necesitemos. Mantener rutinas estables a lo largo del día aporta estructura y reduce la incertidumbre.
- Espacios de desconexión y conexión. Es importante también que dediquemos tiempo a actividades que disfrutemos, conectar con las personas que nos hacen sentir bien, etc. Estos espacios permiten recuperar energía y bajar los niveles de activación física asociados al estrés.
- Reconocer nuestras propias señales de estrés es clave para actuar a tiempo. Irritabilidad, problemas de sueño o tensión muscular pueden ser señales de nuestro cuerpo para avisarnos de que algo no va bien. Prestar atención a estos síntomas nos da la oportunidad de frenar y aplicar estrategias antes de que el malestar aumente.
Si crees que estás viviendo una situación de estrés que se te está yendo de las manos es tu momento para buscar la ayuda que necesitas. Puedes contactar con nosotras pinchando aquí y que comencemos el camino para ayudarte a salir del estrés.
