Uno de los aspectos que más interés suscita en estos momentos acerca de la salud mental es la implicación que tiene nuestro cerebro en los problemas psicológicos. Desde luego, el cerebro y nuestra sistema nervioso y cómo éstos afectan a nuestra conducta, nuestra forma de pensar y de ser, son temas especialmente interesantes. No sólo nos sirven para comprender cómo funcionamos, sino que también nos ayudan a comprender cómo la relación entre ellos nos afecta.
Uno de los problemas que más prevalencia tiene en la sociedad actual y que, por tanto, suscita más interés es la depresión. Al fin y al cabo, lo que más vemos en nuestro día a día es lo que más nos llama la atención. Y más cuando es un problema de índole psicológica que genera tanto sufrimiento. Este sufrimiento se observa no sólo en las personas que lo viven, sino también en sus allegados. Así pues, en el artículo de hoy os hablaremos sobre cómo cambia nuestro cerebro cuando tenemos depresión.
¿Qué es la depresión?
Antes de comenzar a hablar sobre cómo cambia nuestro cerebro cuando tenemos depresión, es importante que clarifiquemos qué es la depresión. Bien si atendemos a lo que nos dice la Real Academia de la lengua española, la depresión haría referencia al “síndrome caracterizado por una tristeza profunda y por la inhibición de las funciones psíquicas, a veces con trastornos neurovegetativos”. Si buscando en medios específicos de salud mental, podemos encontrar definiciones específicas. Una de ellas, proveniente de un artículo de la Asociación Americana de Psiquiatría, dice lo siguiente: “la depresión consiste en una profunda tristeza o desesperación cuya duración se extiende más allá de unos pocos días, e interfiere con las actividades de la vida cotidiana, e incluso provoca dolores físicos”.
Como podemos ver en ambas definiciones aparece la tristeza como síntoma característico de este problema psicológico. Y, en efecto, la tristeza o, más bien, el bajo estado de ánimo es uno de los factores principales de la depresión. Además del bajo estado de ánimo y la tristeza, la depresión también se caracteriza por la pérdida de actividades que antes se hacían, problemas o cambios significativos en el patrón de sueño, pérdida de ilusión en el futuro y las actividades del presente, cambios significativos en el patrón alimenticio por exceso o por defecto, etc. Y además, estos síntomas tienen una duración en el tiempo de dos meses o más y han comenzado a afectar a varias áreas de la vida de la persona.
Hilando con lo que esbozamos al final del párrafo anterior, uno de los aspectos que más afecta de la depresión son las consecuencias que provoca en la vida de la persona. Es verdad que cualquier problema referente a la salud mental afecta a nuestro día a día, pero en el caso de la depresión puede llegar a ser bastante incapacitante. Esto sucede, en parte, debido a la pérdida de actividades y a la disminución de la capacidad para gestionar tareas. Empezamos a gestionar menos cosas o a hacerlas a un ritmo significativamente más lento, hacemos menos planes o estamos menos presentes y nos cuidamos mucho menos que antes.
Así que, sí, la depresión afecta mucho a nuestra vida diaria. Pero ¿se ve esto en el cerebro? Vamos a intentar responder a esto en el siguiente apartado.
¿Cambia nuestro cerebro cuando tenemos depresión?
Ahora que ya sabemos qué es, vamos a ver cómo cambia nuestro cerebro cuando tenemos depresión. Cuando hablamos del cerebro y su relación con diferentes aspectos de nuestra conducta o de nuestra salud mental, solemos emplear dos tipos de categorías. Estas dos categorías serían: lo estructural o lo funcional. La primera hace referencia a los cambios físicos que se producen en el cerebro. Sin embargo, la segunda haría referencia a los cambios en las funciones cognitivas complejas. Así pues, vamos a ponernos con ello y ver los diferentes cambios que se pueden producir en un cerebro cuando estamos deprimidos.
Cambios estructurales
Uno de los primeros cambios que llama la atención es que el hipocampo, que es crucial para la memoria y la regulación emocional, tiende a ser más pequeño en personas con depresión sobre todo cuando es crónica. De hecho, uno de los síntomas de la depresión son las dificultades con la memoria, que se explican por estos cambios en esta estructura del cerebro.
Además de en el hipocampo, también se han observado cambios en otras estructuras como la amígdala. La amígdala, que se encarga de regular las emociones como el miedo y la tristeza, puede mostrar hiperactividad, lo que contribuiría a una mayor sensibilidad emocional. De esta manera, podría explicar parte del correlato emocional que se observa en las personas con trastornos depresivos.
Por último, respecto a como cambia nuestro cerebro cuando tenemos depresión y en concreto de la parte estructural, queríamos mencionar la corteza prefrontal. En concreto, la corteza prefrontal es la responsable del control de impulsos, la toma de decisiones y la regulación emocional. Y en los casos de depresión, se ha observado que puede disminuir en tamaño y actividad. Por lo tanto, así explicaríamos la disminución de actividades y la dificultad para mantenerse activos.
Cambios funcionales
Continuando con cómo cambia nuestro cerebro cuando tenemos depresión, vamos a hablar de algunos de los cambios funcionales más importantes. El primero que queremos destacar es la disminución de la comunicación entre las diferentes regiones cerebrales. Cundo hay depresión, se ha observado menos conectividad entre la corteza prefrontal y otras áreas, como la amígdala, lo que dificulta la regulación emocional.
Otro de los aspectos que cambian a nivel cerebral es la Red Neuronal por Defecto. Ésta es un conjunto de regiones cerebrales activas durante el reposo mental, implicadas en la autorreflexión y el pensamiento interno. En la depresión, esta red está hiperactiva, lo que provoca rumiaciones excesivas, autocrítica y pensamientos negativos repetitivos.
Por último, queríamos hablaros de los circuitos de recompensa. En concreto, de como el núcleo accumbens y la dopamina, tienen una actividad reducida, lo que afecta la capacidad para experimentar placer (anhedonia). Esto puede explicar la pérdida de interés en actividades que antes resultaban gratificantes.
Si crees que tú o alguna persona de tu entorno pueden estar pasando por un proceso de estas características y necesitas asesoramiento, no dudes en contactarnos pinchando aquí.
