Ahora que prestamos mucha más atención a la salud mental y a nuestro bienestar psicológico, una de las áreas que nos llama la atención es la laboral. Al fin y al cabo, solemos pasar unas ocho horas en el trabajo, si no más. Así que, por mucho que nos pese, la parte laboral influye en nuestro bienestar y en nuestra salud. Lógicamente, las preocupaciones relativas al trabajo son muy variadas. A algunas personas les puede preocupar la conciliación con la vida familiar, su capacidad para gestionar conflictos, las relaciones con los compañeros, etc. Dentro de estas preocupaciones desde hace unos años se está haciendo más frecuente la conocida como “síndrome del impostor”. Y, como ocurre con otros muchos términos, para algunos puede generar dudas. Así que, hoy venimos a hablar sobre el es el síndrome del impostor verdad o mito.
Si quieres saber más sobre felicidad y trabajo, puedes leer nuestro artículo sobre el tema pinchando aquí.
¿Qué es el síndrome del impostor?
Para comenzar a resolver la pregunta síndrome del impostor verdad o mito, es importante saber a qué nos estamos refiriendo. Si preguntamos a la IA nos dice que el síndrome del impostor —también conocido como fenómeno del impostor— es un patrón psicológico en el que la persona, a pesar de contar con logros, capacidades o reconocimiento externo, siente que no merece su éxito y teme ser descubierta como un “fraude”. Fue descrito por primera vez en 1978 por las psicólogas Pauline Clance y Suzanne Imes, y aunque no figura en manuales diagnósticos como el DSM-5, tiene consecuencias emocionales y profesionales muy reales.
Como podemos ver la IA nos da una definición que se acerca bastante a lo que podríamos imaginar sólo con escuchar el nombre. Y es que, cuando hablamos de síndrome del impostor, hablamos precisamente de eso. De la autopercepción de uno mismo como fraude. Esta autopercepción tiene que ver primero con la interpretación que hacemos de nuestros logros y nuestras cualidades, que no valoramos como genuinas o realmente meritorias. El segundo factor de este síndrome tiene que ver con las emociones. Como bien nos indicaba la IA, existe un miedo a ser descubierto o a sufrir consecuencias negativas por ese fraude autopercibido. Sin embargo, nosotras añadimos una emoción muy significativa que es la culpa por todos aquellos beneficios o aspectos positivos recibidos por esas cualidades que no identifican como reales.
Síndrome del impostor, verdad o mito

Bien, ahora que ya sabemos qué es, toca responder síndrome del impostor verdad o mito. Para nosotras es m-as verdad que mito, aunque no solemos estar muy a favor de poner nombres sin ton ni son. Sin embargo, en esta ocasión sí que hace referencia a una situación por la que pasan muchas personas y que, aunque se puede relacionar con muchos aspectos comunes, si que refleja una situación muy actual.
En concreto, desde nuestra experiencia en Camina Psicología, hemos visto muchos casos en los cuales esa percepción de nuestra “falsa” valía para determinadas situaciones hace que nos cuestionemos nuestro valor como profesionales, rol, etc. Este cuestionamiento, además de ser injusto, provoca que no disfrutemos de nuestros logros y entorpece nuestro crecimiento en esa área.
Sin embargo, esto no es lo peor que puede provocar el síndrome del impostor, sino que también afecta a nuestro estado de ánimo. Si tenemos en cuenta que cuando vivimos con la presencia del síndrome del impostor tenemos pensamientos intrusivos acerca de nuestra valía, la ponemos en duda y sentimos que nuestros éxitos son un fraude, las emociones que nos deja son de tipo desagradable. Cuando esto lo mantenemos a lo largo del tiempo, puede afectarnos en el ánimo y aumentar nuestra ansiedad.
Por último, antes de terminar de hablar sobre el síndrome del impostor verdad o mito, queríamos hacer una mención especial a la autoestima. Y es que, si hay una verdadera perjudicada en esta situación, es ella. Cuando existe el síndrome del impostor, hay un cuestionamiento de nuestros logros y de nuestras capacidades, por lo que la visión que tenemos sobre nosotros mismos se ve afectada negativamente. Esto, supone un golpe directo a nuestra autoestima, que puede ser localizado o ir generalizándose a la visión completa de nosotros mismos.
