Las relaciones familiares, cuando son sanas, son un factor de protección para muchos problemas psicológicos y una fuente de apoyo emocional importante. Sin embargo, aunque éstas sean satisfactorias, no están libres de momentos complejos y de trabajo mutuo para que sean positivas. Una de las relaciones que más nos suele marcar es la que tenemos con nuestra madre. Sin embargo, también puede ser una de la que más momentos complejos nos quejemos. Por eso, hoy os hablamos sobre esta relación y como gestionarla para que sea más sana.

 

Quiero mucho a mi madre, pero…

¿Qué ocurre con las madres que en ocasiones generan estos momentos? Para empezar a entender esta sensación de quiero mucho a mi madre, pero… es importante reflexionar sobre las relaciones maternofiliales. Cuando la relación familiar es sana, la madre es una figura que está presente desde nuestro nacimiento y que, además, representa una de las figuras principales en nuestro cuidado. Este cuidado además no es sólo físico, sino que nuestras madres están presentes en nuestro desarrollo total como personas. Por ello, muchas veces evolucionar esa relación puede ser un reto difícil y algunas de las costumbres de cuando éramos pequeños perduran en la adultez. Esto implica que puedan aparecer fricciones en la relación. Vamos a ver los más comunes.

Se mete en mi vida

Esta suele ser una de las quejas principales respecto a las relaciones con nuestras madres. Algunas muestran la tendencia de querer participar de manera mas significativa en nuestras decisiones vitales. Dicho de otra manera, quieren meterse en nuestra vida y cómo la vivimos. Sin embargo, si tenemos en cuenta su punto de vista, esta conducta puede venir de su deseo de que todo nos vaya bien y del hábito de proteger nuestro futuro cuando éramos más pequeños.

No se deja ayudar

Ay. ¡Qué difícil se hace cuando son ellas las que necesitan ayuda! Seguro que a muchos os ha ocurrido que cuando son ellas las que se ven en situaciones complicadas, no siempre se dejan ayudar cómo nos gustaría. En este caso, es importante entender que cambiar de rol a ser la persona ayudada no siempre es sencillo y necesitan tiempo para adaptarse.

Me agobia

Por último, es necesario hablar sobre esa sensación de quiero mucho a mi madre, pero me agobia. Porque sí, hasta las personas que más queremos pueden generarnos emociones desagradables. En este caso es más complejo explicar el porqué, ya que el agobio puede generarse por multitud de causas. Sin embargo, independientemente del origen del agobio, siempre va de la mano con la necesidad de control.

quiero mucho a mi madre pero

¿Qué puedo hacer?

Vale, ya hemos hablado largo y tendido sobre quiero mucho a mi madre, pero… diferentes motivos. Y ahora lo que necesitamos una solución para saber qué podemos hacer en estas situaciones y que, además, no dañe la relación.

El primer paso es reconocer que no podemos cambiarla, pero sí podemos cambiar nuestra manera de relacionarnos con ella. Muchas veces intentamos que nuestra madre nos entienda, nos apruebe o nos trate “como queremos”. Sin embargo, esperar que actúe distinto sólo nos lleva a la frustración. En cambio, aceptar quién es —con sus virtudes y sus limitaciones— te permitirá soltar esa lucha constante y elegir aquellos aspectos que sí merece la pena luchar por su cambio. Cuáles son estos aspectos, dependen de cada persona y lo que sea importante para ellos.

Además, es importante aprender a poner límites desde el cariño, no desde el enfado. Entender que un límite no es un muro, sino una forma de cuidar la relación nos ayudará a no sentirnos culpables por ello. Si te cuesta, puedes usar frases como “prefiero no hablar de ese tema” o “necesito un tiempo para pensarlo” para poner espacio cuando lo necesites. Ser claro y respetuoso es más efectivo que discutir o callar por miedo a decepcionarla a ella o a cualquier otra persona.

Si quieres saber más sobre cómo poner límites, puedes leer nuestro artículo sobre ello pinchando aquí.

También es importante que reflexionemos sobre nuestro papel en la dinámica de la relación. En ocasiones nuestra conducta también está influyendo en cómo se produce esta interacción con nuestras madres y en la relación que mantenemos con ellas. Muchas veces cambiando nuestra propia forma de actuar es el inicio del cambio en el otro, por lo que también este punto va a ser importante.

Por último, tenemos que cuidar de nuestro bienestar emocional. Gestionar de una manera más sana y asertiva las relaciones con las personas importantes para nosotros requiere energía y trabajo personal. Por lo que cuidarnos y darnos espacio y tiempo es primordial para conseguir que las cosas sean diferentes.

firma sara